10 de octubre...
Amigo lector...¡Qué clase de cansancio tengo!...Acabo practicamente, de llegar de un maratón, si uno de esos tantos que se celebran en Cuba, esta vez, el denominado: Maratón 10 de Octubre, esta vez dedicado al día mundial de la alimentación...Bueno, no gané, pero si me gocé en participar junto a mis compatriotas en una carrera por la salud y por sentido de nacionalidad y tradición que nos caracteriza...En el articulo anterior hablé de las monedas de mi país al referirme al Ché, y es que tenemos otra, que es la equivalente a 100 pesos MN, referente al Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes...Un día como hoy es una fecha relevante para los cubanos puesto que marca el inicio de nuestras luchas por la independencia...Este es un tema del que se puede hablar ampliamente, pero no deseo abrumarlo con tanta historia, sino que he de dejarle algunos vínculos para que se documente, además de ofrecerle estas atractivas crónicas de diversos periódicos a cerca de tal suceso....

Ellos hubieran sido como nosotros, nosotros hubiéramos sido como ellos
El 10 de Octubre de 1868, en horas de la mañana, en el Batey del Ingenio La Demajagua, frente a los hombres que habían acudido a su llamado, Carlos Manuel de Céspedes legó a los revolucionarios cubanos el ineludible compromiso de luchar por la independencia nacional y la justicia social.
Allí, en medio del silencio, tras la lectura al Manifiesto dirigido a sus compatriotas y a todas las naciones, en el que señaló las causas de la lucha que iniciaba, procedió a darles la libertad a sus esclavos, a quienes dignificó con la condición de "ciudadanos" y los invitó a participar en la lucha emancipadora.
Luego fue presentada la bandera tricolor de la libertad cosida por las manos amorosas de Candelaria Acosta. Y entonces, a la sombra del pabellón, los congregados por el clamor libertario juraron vencer o morir antes que volver a ver el suelo de la Patria pisoteado por cualquier tiranía. Juraron vengar todos los agravios que recibiera la nación. Juraron vencer en la contienda antes que retroceder en la demanda.
Mientras que el Padre de la Patria, en gesto viril, juró acompañarlos hasta el fin de su vida, y si tenía la gloria de sucumbir antes que muchos de ellos, saldría de la tumba a recordarles sus deberes patrios.
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La Ley Agraria: primera reivindicación del colaborador invisible
Aquel 10 de octubre de 1958 parecía celebrarse más que el campanazo eterno de Céspedes en la Demajagua. A la lucha interminable de los cubanos por su soberanía se sumaba un nuevo estandarte desde la pluma del barbudo que lideraba al Ejército Rebelde. Del aliento montañoso de la Sierra Maestra, se nutrió la Ley Agraria que implementara el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz para sus más fieles aliados: los campesinos.
Los sin nombres de los campos cubanos comenzaron a verse reconocidos, desde el mismo instante en que se les tuvo en cuenta dentro de las proyecciones sociales del Ejército Rebelde. Aún cuando no supieran ni escribir su nombre, el hecho de que alguien pensara en ellos era más que un aliciente. El olor a humo de las casas quemadas desaparecería poco a poco, el polvo sobre los ojos de tanto besar la bota del amo que los fustigaba, también se iría; la luz había llegado a la Sierra con nombre de Reforma Agraria y no pretendía apagarse nunca.
Y es que el sombrero de yarey guió a los rebeldes por inhóspitos parajes del Oriente cubano. Burlaron patrullas batistianas; transportaron alimentos y armas para el movimiento en la Sierra; adularon al enemigo sujetando el bono del 26 de Julio en el bolsillo del pantalón; entregaron todo… lo que pudieron y lo que no.
No podía, entonces, hacerse menos por ellos. El 10 de octubre de 1958, Fidel firmó la Ley Agraria, que luego desembocaría en la Reforma Agraria de las más importantes estrategias de desarrollo social implementadas por el Ejército Rebelde y posteriormente por el gobierno revolucionario.
“El campesino era el colaborador invisible que hacía todo lo que el rebelde no podía hacer; nos suministraba las informaciones, vigilaba al enemigo, descubría sus puntos débiles, traía rápidamente los mensajes urgentes, espiaba en las mismas filas del ejército batistiano. Y esto no se debía a ningún milagro, sino a que ya habíamos iniciado con energía nuestra política de reivindicaciones agropecuarias,” recordaba el Che en una de sus alocuciones sobre la lucha en la Sierra.
“En la Sierra Maestra se dictó la Ley número 3, continuaba explicando el Che, en los días de la farsa electoral del 3 de noviembre, que establecía una verdadera Reforma Agraria, y aunque no era completa tenía disposiciones muy positivas: repartía las tierras del Estado, la de los servidores de la dictadura y las de quienes las poseyeran con títulos de propiedad adquiridos mediante maniobras dolosas.”
El sudor a campo y las manos callosas ya no serían en vano, aunque solo fuera con una cruz los campesinos firmarían en su propiedad el destino que sería labrado por ellos mismos, desde ese entonces en adelante. Aún incipiente el movimiento agrario vio la luz aquel 10 de octubre con el fin de sacarlos, para siempre, del anonimato.
Texto: Mayra García Cardentey
Estudiante de Periodismo, Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana
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Soneto 10 de Octubre:
Cuando José Martí escribe su soneto 10 de Octubre está por cumplir en esos días sus 16 años.
No es un sueño, es verdad: grito de guerra
lanza el cubano pueblo, enfurecido;
el pueblo que tres siglos ha sufrido
cuanto de negro la opresión encierra.
Del ancho Cauto a la Escambraica Sierra
ruge el cañón y el bélico estampido
el bárbaro opresor, estremecido,
gime, solloza y pálido se aterra.
De su fuerza y heroica valentía
tumba los campos son, y su grandez
degrada y mancha horrible cobardía.
Gracias a Dios que !Al fin con entereza
rompe Cuba el dogal que la oprimía
y altiva y libre yergue su cabeza!
El primogénito del valenciano Mariano Martí y Navarro y de la isleña Leonor Pérez Cabrera es ya un cubano entero que ve publicada su obra poética de amor a la Patria, en el periódico "El Siboney", el cual circula manuscrito entre los estudiantes de segunda enseñanza del Instituto de La Habana.
Apenas llega a La Habana la noticia de la proclamación de la independencia en el ingenio de La Demajagua, los alumnos de Don Rafael María Mendive son todo entusiasmo.
Por las noches, el maestro extiende sobre el piano de su casa, donde también está el colegio, un mapa de la isla de Cuba.
Los discípulos lo rodean. Las miradas se concentran en la región oriental, donde arde la guerra desde el 10 de Octubre de 1868.
Con un puntero, Mendive va imaginando cuál es la ruta de Carlos Manuel de Céspedes y de los patriotas que en la geografía oriental junto a él combaten.
Se incendia como un bosque la imaginación de aquellos muchachos. !Y el Maestro aviva aquel fuego!
Pepe se ve jinete en brioso corcel. El humo lo envuelve. Otro tanto le ocurre a su amigo Fermín Valdés Domínguez. Mas Oriente está lejos. Los caminos muy vigilados. ¿Cómo podrían ellos incorporarse?
Harán lo posible en esos instantes. Juntos, Fermín y Martí publicarán un periódico satírico: "El diablo cojuelo". Y Martí sabrá dejar establecida la disyuntiva de ese instante:!O Yara o Madrid!.
!Aquellos jóvenes cumplen su deber!
Tomado del sitio web de Radio Progreso
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Otro 10 de Octubre, de combate:
Como se ve hoy el 10 de Octubre de 1868, se verá mañana en Cuba el presente. El país está otra vez en una gran batalla, ante el golpe de dos huracanes. Es una batalla desigual, de las furias inmensurables de la naturaleza, acosada por los bárbaros del género humano, fundamentalmente contra un manojo de islas y sus pueblos.
En campos y ciudades de oriente y de occidente de nuestra isla, todavía dan pavor las imágenes que dejaron las terribles tormentas. Pero también da orgullo, conmueve, compromete, el espíritu batallador —mambí, rebelde— con el cual se alza Cuba para reconstruir lo destruido, para empezar otra vez.
Cientos de miles quedaron sin techo, pero con la confianza de que les serán facilitados los recursos para reponerlos, como comenzó a ocurrir de inmediato tras el paso de Ike, cuando el trabajo recuperador se convirtió en el tercer huracán.
No solo a esas víctimas de la devastación se les ve trabajando para restablecer sus casas y pertenencias averiadas. De todos los demás municipios y provincias siguen fluyendo hacia los territorios más dañados la ayuda material, el aliento, la solidaridad. Van linieros eléctricos y de comunicaciones, constructores, transportistas… Y otra vez se erigen torres, postes, paredes; se reabren caminos, escuelas, fábricas; se recuperan cultivos, y vuelve a hacerse la luz, literalmente.
En ofensiva inédita en otros lugares del mundo, artistas, con su arte, se van de guerrilla a recuperar ánimos, esperanzas, optimismos; a ponerle techo a la risa y al entusiasmo necesario para enfrentar y vencer la desolación, en los lugares donde más duro golpearon los huracanes.
Pueblos a los que Cuba ha tendido su mano fraterna y desinteresada en otros momentos, corresponden ahora con su solidaridad. Gobiernos y organismos mundiales envían ayuda, de la que se agradece ante todo el gesto.
Los enemigos de siempre, mientras tanto, se solazan creyendo que el golpe brutal de la naturaleza terminará haciéndoles el trabajo, que prevalecerá el desaliento y se pondrán contra la Revolución los mismos que la hacen cada día. E impúdicamente montan el show de un falso ofrecimiento de ayuda, tan burdo que nadie les cree. El rechazo y la denuncia de Cuba ante la mendaz propuesta son claros y contundentes.
Vuelven a equivocarse los que allá afuera, como sus acólitos de aquí adentro, al siquiera pensar que un desastre natural de la magnitud del que acabamos de sufrir coronará su plan de acabar con la Revolución, contra la que no han podido por más que lo han intentado sin tregua durante ya casi 50 años.
La capacidad de resistencia de los cubanos no merma, sino se multiplica y profundiza ante cada reto. Pero no es pasiva esa resistencia, como aquella de los que se resignan ante la adversidad, se adaptan a ella y sometidos la sobreviven. No. Bien por el contrario, es activa, creativa, transformadora y dirigida siempre a preservar lo que hemos conseguido, a incrementarlo y superarlo, a hacer más justa la justicia por la que luchamos; a mejorar nuestra vida y a nosotros mismos. Resistimos para hacernos más independientes, libres, iguales y plenos como individuos y como nación, cual decidieran nuestros próceres aquel 10 de octubre de 1868.
Nuestra unidad no padece, sino se refuerza cada vez que una amenaza asoma en el horizonte. Y nos reúne y nos hace más fuertes, además del instinto de conservación, la conciencia de nuestras fortalezas y también de las debilidades que, más que nunca, persistimos en enmendar.
No es este un país a merced de leyes ciegas, como las del mercado capitalista, donde el tener importa más que el ser y los que no tienen, nada valen, nada significan; este es un país que se gobierna a sí mismo, donde todos estamos incluidos y nadie será olvidado o abandonado jamás.
El trabajo, al que se convoca, es clave ahora para borrar la huella triste de los recientes huracanes y para protegernos mejor de los azotes de otros que en lo adelante puedan venir. El trabajo hoy es el arma -como ayer lo fueron el machete mambí y el fusil rebelde- de la resistencia y del camino hacia el triunfo que inició aquel 10 de octubre de 1868 en la Demajagua el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, junto a todos los hombres y mujeres de esta Tierra, a los que declaró libres e iguales.
Tomado de Bohemia
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10 de octubre de 1868: Magisterio para todos los tiempos
(Alina Martínez Triay,Tomado de Trabajadores)
El tañido de una campana fue nuestro primer clarín de combate, un lugar de trabajo, el ingenio Demajagua, la primera tribuna de ideas; su dueño, Carlos Manuel de Céspedes, el iniciador de la insurrección; el medio millar de hombres allí congregados, blancos unos y negros acabados de liberar, los primeros combatientes por la libertad.
Constituyó el primer episodio del alzamiento de todo un pueblo. De hombres acaudalados que hicieron dejación voluntaria de sus riquezas para dedicarse por entero, sin reparar en carencias y vicisitudes, a pelear por la independencia; de mujeres que abandonaron la seguridad del hogar para marcharse decididas a la manigua, donde prestaron excepcionales servicios a la Revolución; de antiguos esclavos convertidos en soldados formidables; de chinos que echaron a un lado la servidumbre para luchar por su patria adoptiva sin que entre ellos hubiese nunca un traidor ni un desertor; de cubanos surgidos de las filas más humildes, que a golpe de virtudes y de coraje se erigieron en prestigiosos oficiales del Ejército Libertador.
Nacía así una nación que tuvo la singular virtud de conjugar el aprendizaje de la guerra con la enseñanza al mundo de lo que era capaz un pueblo decidido a sacudirse el yugo colonial.
Sus forjadores manifestaron en Guáimaro su capacidad de elevar la insurrección a la estatura de un Estado independiente, al constituir una república autóctona, independiente y democrática, que reunió a los patriotas en un frente común contra la Metrópoli.
Dieron un ejemplo sublime de dignidad y patriotismo con la quema de la ciudad de Bayamo, a la que sus habitantes prefirieron destruir antes que entregar al enemigo.
Demostraron que la falta de recursos no era un obstáculo porque las armas se le arrebataban al enemigo; que algo tan común como un machete de trabajo podía sembrar el terror entre las filas peninsulares cuando era blandido con arrojo por los patriotas en sus formidables cargas de caballería, y que hasta el clima era su eficaz aliado contra el ejército colonial.
Muchos ciudadanos honestos de otras tierras ofrecieron su brazo combatiente a aquella admirable contienda en la que, como expresó José Martí, se tuvo “a raya, en diez años de esta vida, a un adversario poderoso que perdió doscientos mil hombres a manos de un pequeño ejército de patriotas, sin más ayuda que la naturaleza”.
No fue el poderío militar de España el que puso fin a la guerra, sin que conquistase sus objetivos de independencia y abolición de la esclavitud. Cuando Antonio Maceo recibió de Máximo Gómez el informe sobre los acontecimientos del Zanjón, valoró acertadamente que si Martínez Campos le había propuesto un arreglo a los cubanos era porque estaba convencido de que nunca los vencería por medio de las armas. Para lograr la capitulación, el general español había sabido aprovechar los problemas internos que habían llevado a la crisis al movimiento independentista.
El dramático desenlace de esta contienda lo resumió Martí cuando afirmó: “Nuestra espada no nos la quitó nadie de la mano, sino que la dejamos caer nosotros mismos”.
Fue esa otra de las grandes lecciones de la epopeya del 68, que no culminó en victoria pero tampoco en deshonra para tantos luchadores que lo habían dado todo por la causa emancipadora. Maceo recogió sus banderas y en la Protesta de Baraguá anunció al mundo que los verdaderos revolucionarios no renunciarían a la materialización de los ideales del 10 de Octubre.
Para los cubanos de estos tiempos el magisterio de aquella nuestra primera batalla por la libertad mantiene vigencia: continuar y enriquecer sus glorias y evitar sus errores. La Revolución que hoy construimos es una sola y comenzó en el ingenio Demajagua. El deber de los actuales patriotas es mantener en alto la espada.
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Desde el 10 de octubre de 1868 los cubanos combatimos por la libertad (Por Rosa María Moros Fernández, Tomado del sitio web de Radio Cadena Agramonte)
El grito independentista y revolucionario de los cubanos el 10 de octubre de 1868, resume siglos de encuentros y desencuentros y marca de modo indeleble la posteridad de la Mayor de las Antillas.
La sublevación iniciada en el ingenio azucarero Demajagua, cerca de la ciudad de Manzanillo, en la actual provincia oriental de Granma, viene nutrida por casi 400 años de cocción de un ajiaco de ideas, lenguas, costumbres, gustos, aspiraciones, normas, tendencias e influencias de Europa, Asia, África y la América precolombina.
Culmina la conspiración que comenzó el 13 de agosto de 1867, en la ciudad de Bayamo, centro principal de la región histórica Valle del Río Cauto, donde maduraron primero los rasgos del naciente pueblo cubano.
Los hechos se precipitan y Carlos Manuel de Céspedes, el más resuelto y experimentado conspirador, tiene centenares de hombres dispuestos, el nueve de octubre de 1868, en los hoy municipios granmenses de Pilón, Media Luna, Campechuela y Manzanillo.
Al día siguiente, en la Demajagua, unos 500 patriotas protagonizan el grito que estremecería toda la historia del país.
En viril arenga, Céspedes sienta bases para la integración étnica en Cuba, cuando libera a sus esclavos, los eleva al rango de ciudadanos, invita a combatir y aclara que quienes no participen en la guerra serían tan libres como el resto.
Frente a la bandera tricolor, los presentes juran solemnemente vencer o morir, antes que volver a ver el suelo patrio pisoteado por cualquier tirano.
El Padre de la Patria presenta el Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba, expresión indiscutible de que se sublevan hombres cultos, conocedores de las prácticas políticas de su tiempo, sustentados en principios y decididos a sacrificarlo todo por la causa.
"Creemos que todos los hombres somos iguales; amamos la tolerancia, el orden, la justicia en todas las materias; respetamos la vida y las propiedades de todos los ciudadanos pacíficos, aunque sean los mismos españoles residentes en este territorio; admiramos el sufragio universal, que asegura la soberanía de los pueblos", precisa el documento.
El texto añade: "Deseamos la emancipación gradual y bajo indemnización, de la esclavitud, el libre cambio con las naciones amigas que usen la reciprocidad, la representación nacional para decretar leyes e impuestos, y, en general, demandamos la religiosa observancia de los derechos imprescriptibles del hombre, constituyéndonos en nación libre".
Céspedes deja claro que el naciente pueblo, cuyos perfiles culminarían su forja en 30 años de combate, no podría liberarse sin emprender una verdadera revolución, lo cual implicaba impedir cualquier dominio extranjero, eliminar la esclavitud, lograr la unidad nacional y avanzar por la senda del progreso socioeconómico.
"Los misterios más puros del alma se cumplieron en aquella mañana de la Demajagua, cuando los ricos, desembarazándose de la fortuna, salieron a pelear, sin odio a nadie, por el decoro, que vale más que ella", destaca José Martí el 10 de octubre de 1887.
SI DESEA CONOCER ALGO MÁS A CERCA DE ESTE ARTÍCULO:
- Periodico la demajagua
- Radio Habana Cuba digital
- Biografía de Carlos Ma. de Céspedes(1)
- Biografía de Carlos Ma. de Céspedes(2)
Y ya que he estado hablando de la moneda cubana, si deseas conocer algo más a cerca de ella: Banco Central de Cuba

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promiscuidad, la corrupción judicial y administrativa, el crimen despiadado, la discriminación racial y social y el tratamiento brutal al hombre sancionado en detrimento de su integridad y dignidad humana.


Lo más destacado del mismo radica en el Sistema de Tratamiento Educativo aplicado, caracterizado por un componente de instrucción escolar y capacitación técnica con la finalidad de obtener, en una primera etapa, el 12 grado de escolaridad y algún oficio; para luego pasar a una 2da etapa, donde los internos se vinculen a aulas universitarias en el municipio para realizar estudios superiores o vincularse laboralmente en fábricas cercanas al centro donde regresarán a pernoctar.
Partiendo de las experiencias obtenidas en el Proyecto Reincorporación, se perfecciona este diseño de tratamiento, como un modelo pedagógico que además de formar valores positivos y contrarrestar el deterioro conductual de estos jóvenes, garantice elevar su nivel de instrucción, capacitarlos técnicamente en oficios o carreras de técnico medio para lograr su reincorporación efectiva y plena a la sociedad.
A partir del perfeccionamiento del Sistema Penitenciario, estas se han incrementado con cientos de títulos y miles de volúmenes y se han realizado eventos y acciones tendentes a la promoción de la lectura, entre ellos: impartir cursos de postgrado, a cargo de la Biblioteca Nacional José Martí, a funcionarios penitenciarios encargados de esta tarea; concursos literarios; y cursos de técnicos en bibliotecología a reclusos que trabajan como tales en nuestras prisiones.



Tienen un tratamiento priorizado en el orden médico y estomatológico y en particular, las que se encuentran embarazadas, paridas y a sus infantes que permanecen junto a la madre, desde su nacimiento en salas materno infantiles en cada centro donde se le garantiza su atención médica, alimentación y otros cuidados necesarios.
En el mes de febrero del año 2005, se efectuaron en la Ciudad Deportiva de la capital del país los Juegos Deportivos Nacionales del Sistema Penitenciario, donde se compitió en (10) deportes diferentes y donde participaron (400) atletas reclusos, entrenadores y árbitros del INDER y miles de penados participaron junto a nuestro pueblo y familiares como espectadores.
De conjunto con el INDER, desde el 2004 se abrieron aulas en todas las provincias del país donde se graduaron (362) reclusos en Curso Emergente de Profesores de Educación Física, los cuales prestarán este servicio de manera remunerada en los centros penitenciarios.
Otras acciones de tratamiento educativo:
Reclusas de la Prisión de Mujeres de Occidente visitan el complejo